Desde la barrera – No ha sido un sueño 

Ya he descubierto la estrategia secreta de Lucía. Me la ha soplado un amigo que tengo en Quirón: quiere potenciar la sección de cardiología de la clínica, que debe andar algo floja de facturación con tanta tendencia a la vida sana que hay últimamente. Porque “Corre en Rosa” va a acabar con nosotros con tantas emociones fuertes. La última, la Media Maratón Renault de Madrid del pasado 2 de abril, que nos ha dejado una avalancha de momentos inolvidables.
Todo comenzó hace apenas tres meses. Como este grupo no conoce los retos imposibles, un buen día se le ocurrió a alguien que los diez kilómetros no eran suficiente desafío y propuso doblar la apuesta con una temeridad digna de esas noches de borrachera que terminan al día siguiente comiendo una paella en Alicante (“¡gorda!, ¿y si hacemos la media maratón?”), sin tener en cuenta que la idea germinaría inmediatamente porque si algo no le falta a las chicas de “Corre en Rosa” son ganas de vivir la vida. Los amarillos, que son la encarnación en figura humana de la expresión “apuntarse a un bombardeo”, se sumaron al reto de inmediato poniendo a disposición de las voluntarias, además de su tiempo, todo su arsenal de conocimientos sobre la materia.

Tras tres meses de duros entrenamientos, la ironía del destino ha querido que la impulsora de la loca idea se haya quedado a punto de no correr la carrera. Veinticinco minutos antes del comienzo un servidor se dio cuenta de que el dorsal que nos habíamos ofrecido a recogerle seguía en el maletero de nuestro coche, con Mariela esperando en la línea de salida compuesta y sin número. Gracias a este olvido, probablemente me quepa el curioso récord de ser el único participante de una prueba de atletismo popular que ha corrido más en el calentamiento que en la propia carrera. Por fortuna, llegamos a tiempo de hacernos las fotos preceptivas y de palpar el ambiente espectacular en el paseo más hermoso de la capital. También logramos convencer a Elena para que tire a la basura una botella de agua rellena de un líquido con un color más que sospechoso que nos negamos a probar a pesar de sus ofrecimientos. Ella dice que es una mezcla isotónica, pero la mayoría sospechamos que ha traído ya preparado el control antidopaje por si gana la prueba.

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Mariela: “Qué nervios…creyendo que no podría correr por falta de dorsal…pero ¡¡¡ahí estaba Marta con su cariño y alegría para cederme el suyo!!!”.

Lorena: ”Por fin el día señalado ya estamos las seis guerreras con nuestros acompañantes respectivos que nunca nos fallan (¡qué haríamos sin ellos!), que son tan importantes en nuestras vidas: maridos, amigos, hijos, doctora y entradores. Nervios, risas y muchas, muchas fotos. Empieza un pasito tras otro como tantas veces hemos hecho, pero esta vez con una gran sonrisa y muy bien acompañadas.”

Km 0. Listos para la salida. No correremos solos: se nos une Lucía, que está preparando la maratón de Madrid y cuya sola presencia es como veinte sobres de gel, y varios chicos y chicas de Menorca que nos acompañarán sin saber que van a ser protagonistas en primera persona de dos horas que tampoco ellos podrán olvidar. Manuel, que se ha ofrecido como voluntario para ejercer de liebre, aparece con una camiseta rosa sobre otra amarilla, dos corazones en uno. Manolo, bienvenido: a partir de ahora serás una chica más. Marta viene equipada con sus inseparables trenzas de los grandes acontecimientos y el amuleto rosa de la suerte que en días pasados diseñó y confeccionó para nosotras con el objetivo de transmitirnos su contagioso optimismo: es imposible correr una carrera al lado suyo y no terminar convirtiéndote en su amigo al llegar a la meta (Martha: “¡Gracias, Marta, tocaya, por ser la bellísima persona que eres!”). También se unen Silvia y Adriana, que han puesto su granito de arena en los entrenamientos de las últimas semanas. Los que no pueden estar en persona pero que tan importantes han sido para que podamos estar esta mañana en el Paseo del Prado nos han inundado de mensajes de ánimo desde el norte y el sur de España. Y por último, Ramiro, el jefe, que nos saluda pero huye despavorido hacia las primeras filas al ver que le damos más importancia a las fotos que al calentamiento. No puede con nosotras: somos “Corre en Rosa” y no vamos a desperdiciar una ocasión de divertirnos.

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Km 1. Se da la salida y una marea humana comienza a moverse hacia Neptuno. El Ritz resplandece más que nunca en la luminosa mañana que ha amanecido para saludar a los corredores. Nada más pasar la Cibeles paso junto a Olga. Está llorando y no es por un arrebato de madridismo al ver nuestro sitio de celebraciones. Estas mujeres han luchado por estar aquí más que las leonas que llevan a la diosa y la tensión contenida durante tantos días explota como un globo. Nada más subir Alcalá nos encontramos con nuestra primera animadora: Elvi nos da fuerza para completar la primera cuesta del recorrido.

Mariela: “Y con Elvi, comienza la etapa de deshidratación…mis lágrimas fluyen entre alegría, felicidad y miles de sentimientos encontrados… Estamos corriendo una media maratón”.

Km 2. Tras pasar por la Puerta de Alcalá con todo el mundo recordando a Ana Belén y Víctor Manuel, giramos a la izquierda para comenzar Velázquez. La calle retumba con los cánticos y el paso acompasado de los corredores de la brigada paracaidista, con estandarte incluido. El ambiente sube de temperatura y nuestras chicas, no queriendo ser menos, comienzan a corear el nombre de “Corre en Rosa” en un grito que recorrerá todo Madrid.

Juan Carlos, el marido de Olga, habitual acompañante en los 10K, nos saluda junto al hotel Wellington. Aunque a él le tiran más las dos ruedas, le echamos de menos en carrera. Esta también es tuya, Juancar.

Antes de girar a la izquierda por Diego de León, Ramiro pone la directa y se lleva con él a Lorena. No volveremos a verles hasta la línea de meta, donde descubriremos que Lorena ha hecho un carrerón y, sobre todo, ha gozado del privilegio de correr una prueba completa junto a Ramiro, comprobando en primera persona durante dos horas el cariño que le profesa al jefe el planeta atletismo. Debe ser algo así como que Valentino Rossi te lleve de excursión en su moto a toda pastilla: sufres mucho, pero la experiencia no la olvidas nunca.

Lorena: ”Veo a Ramiro, el gran Ramiro Matamoros, que me dice “vamos ricitos, hay que disfrutar esta carrera, así que no sufras nada”. No me fijo por dónde voy porque no veo el paisaje, pero disfruto con las historias que me va contando Ramiro. Todo el mundo le saluda y le habla, todos quieren estrecharle la mano, pero a pesar de estar tan solicitado en ningún momento se olvida de mí, siempre atento a mi respiración: “¿vas bien, ricitos? No te oigo respirar, disfruta”. Pasan los kilómetros y voy bien, feliz por sentirme tan bien y estar disfrutando. Me acuerdo de las cinco guerreras que están también corriendo porque Ramiro siempre se acuerda de ellas. Hablo poco, pero las tengo en mi cabeza.”

Km 3. Tras un breve trayecto por Serrano, cruzamos sobre la Castellana por el puente de Juan Bravo, que tiembla bajo el avance de miles de corredores. Manolo marca un ritmo pausado con la precisión de un relojero suizo, sabedor de que espera una larga subida en los próximos kilómetros.

A pesar del gentío, no se siente agobio al correr. Son calles anchas, bañadas por la limpia luz del cielo primaveral de Madrid, que nunca nos ha parecido tan bonito.

Km 4. Al final de Almagro nos encontramos con Lola, Irene, Pili, Yolanda, Cristina, Esther y Nuria y varias chicas rosas más. Como nuestras corredoras son gente de buenos modales, se paran brevemente a abrazarlas una por una. Qué menos para quienes se han pegado semejante madrugón para venir a animarnos. Sus abrazos son una inyección de adrenalina antes de comenzar la larga subida de Santa Engracia. Volvemos a llorar, ahora no solo Olga, ahora todas.

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Mariela: “¿Cuánto puede llorar uno en una carrera? En teoría no debería… pero ¡son tantas emociones! Qué feliz me encuentro perteneciendo a este gran proyecto!! Algo que en principio ni me atraía… Cuánta gente desinteresada encuentro día a día en este camino y qué agradecida me siento”.

Km 5. Iniciamos Santa Engracia camino del primer avituallamiento. Se agradecen las botellas que ofrecen los cientos de voluntarios que hay a lo largo de la prueba, siempre con una palabra de aliento. Miro alrededor y veo a todas las chicas sorprendentemente enteras, como si no hubieran empezado a esforzarse aún. Los duros entrenamientos por las cuestas de la Casa de Campo comienzan a mostrar su efectividad.

Km 6. A mitad de Santa Engracia, frente al Canal de Isabell II, está el cuartel de los bomberos. Nos reciben con las sirenas aullando y todos ellos en la calle, de uniforme, animando a los corredores. Pienso que estas chicas merecerían ser recibidas con un arco de agua, como el bautismo que se da a los aviones cuando vuelan por primera vez a un destino nuevo.

Martha: “Olga y yo nos preguntamos entre risas si el pulsómetro indicará aumento de las pulsaciones al pasar entre tanto bombero”

Km 7. Pasamos Cuatro Caminos donde se termina la parte más dura de la subida. El recorrido se llena de recuerdos para muchos de nosotros, especialmente los oriundos de la capital. Saludo con nostalgia al Rubí, el bar al que me llevaba mi abuelo a tomar los mejores churros de Madrid. Y pienso qué habrá sido de Félix, el churrero con más pinta de churrero que he conocido en mi vida.

Elena: “Allí estaban Mabel y Antonio, mi familia. Antonio ha corrido maratones y estaba muy emocionado de ver que hay otra loca en la familia. Todo llegará.”

Km 8. Continuamos por Bravo Murillo que aún parece estar desperezándose, con poca gente aún en la calle. La mañana es fresca y el reciente cambio de hora no invita a salir de la cama temprano, salvo que seas un loco del running. Surge un pequeño inconveniente: tanto nos ha insistido Perdi en la necesidad de hidratarse que nos hemos pasado bebiendo agua. Las seis chicas aguantan estoicamente, pero los acompañantes nos turnamos para realizar una breve parada técnica en un bar ante la mirada complaciente de los abuelos que disfrutan su desayuno de domingo. Me guardo en la mente el nombre del establecimiento para volver algún día a tomarme algo, en compensación por el uso gratuito del servicio.

Km 9. La visión de la plaza de Castilla y, al fondo, las cuatro torres con un cielo azul inmaculado tiene doble premio. Por un lado, saber que, a partir de ahora, todo el trazado será cuesta abajo hasta el tramo final, que vuelve a subir pero ya nos dará igual porque esa parte la haremos aunque sea a gatas, si es necesario. Pero sobre todo, el encuentro con Mar, otra amarilla que se une a la comitiva que, a esta alturas, es ya la más ruidosa y divertida de la prueba.

Lorena: “Van pasando los kilómetros y le pregunto a Ramiro cuándo me tomo los geles, esos geles milagrosos que me ayudarán en la segunda parte del trayecto. “¿Qué geles?”, me responde, “toma agua, que es más sana”. Y a base de agua tengo que hacer el camino”.

Km 10. ¡Caída de Mariela! Se produce al comienzo de la calle Caídos de la División Azul, a partir de ahora rebautizada como “Caídos de la División Rosa”. La señal de alarma resuena con estruendo y el grupo reacciona al completo parándose como una tripulación escuchando un aviso de “hombre al agua”, negándose a seguir adelante sin ella: o todas o ninguna. Ni siquiera Sagrario se digna a gritarla “¡boluda!” por el inesperado tropezón. Pero “Corre en Rosa” te da una fuerza especial: Mariela cae de River pero se levanta de Boca, con el brazo ensangrentado y la expresión incendiada del apache Tévez dispuesta a merendarse a dentelladas los once kilómetros restantes.

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Mariela: “Vuelta a llorar, pero no de dolor, sino por recuerdos del pasado, Lucia (permítanme tutear a mi doctora) me dice: ¿estás bien? ¿Puedes seguir? Y mi respuesta fue: claro que SI, pude con la quimio, ¿no voy a poder con esto?? Las palabras de aliento de todos me dieron más fuerza y energía para seguir el camino”.

Km 11. Un nuevo encuentro nada más girar en Pío XII. Vemos a Carmen y a su marido. Se han situado estratégicamente al final de una subida, lo que nos da ánimos para afrontar el pequeño repecho. Esta vez es Lucía la que da un grito de alegría al ver a su inseparable compañera. Nueva ronda de abrazos y a seguir.

Km 12. Iniciamos la bajada de Príncipe de Vergara. Unas chicas con pompones y camiseta con el logo de Mercedes nos animan a la puerta de un concesionario. No llevamos la cartera para comprarnos un Clase A, pero el simpático detalle se agradece cuando ya se ha pasado el ecuador de la carrera.

Km 13. Al pasar frente al Auditorio Nacional, la única música que se escucha es la de nuestro grupo gritando “Corre en Rosa” a voz en grito. Nos hemos convertido en la atracción de la carrera y multitud de corredores y aficionados nos jalean. Muchos de los que van a nuestro ritmo se admiran al escuchar la historia escondida detrás de esta camiseta y redoblan sus gritos de ánimo.

Km 14. Otro kilómetro más. Nuestras tiradas largas de preparación han sido entre 14 y 15 kilómetros, por lo que nos comenzamos a acercar a terreno desconocido. Seguimos cantando sin descanso.

Sagrario: “¿Quién es Lucia? –preguntan y nosotras orgullosas, respondemos: nuestra doctora. Miro a Mariela y está llorando al igual que yo, diciéndole al aire con el dedo en el pecho, hinchada de orgullo, “mi doctora, es mi doctora”

Km 15. Entramos de nuevo en el barrio de Salamanca. Las piernas van sorprendentemente frescas gracias a los geles. Aparece de nuevo Juan Carlos y se une a nosotros durante un par de kilómetros. Me ofrece agua pero mis ojos se clavan en otro bien más preciado a estas alturas: su teléfono móvil. El mío se ha quedado sin memoria y necesito inmortalizar la parte final de la carrera: debí ser reportero de guerra en una vida anterior. Negociamos al trote un préstamo de IPhone durante dos kilómetros y otro para el kilómetro final.

Mariela: “En este kilómetro, nuestro reportero estaba más feliz que un nene con juguete nuevo!!!!!”

Elena: “Empiezo a notar que me duelen las caderas, pero no puedo parar, y por supuesto no puedo dejar de sonreir, teníamos un trato con Perdi, pero vuelvo a ver a Mabel y a Antonio y me animo.”

Km 16. Al final de Príncipe de Vergara, la organización nos sorprende con un truco de magia. En lugar de seguir recto directamente hacia Menéndez Pelayo, la carrera gira a la derecha por Alcalá y de nuevo a la izquierda por O’Donnell, dibujando un triángulo que nos permite ver la entrada al Retiro. Intuir la meta nos da fuerzas renovadas para afrontar los últimos cinco kilómetros por las calles que rodean el parque. Pero la verdadera sorpresa nos espera en el kilómetro siguiente.

Martha: “En el giro de Alcalá vemos a Celeste. ¡Qué gran emoción encontrarla allí! ¡Lágrimas en los ojos de nuevo! Antes había pasado por allí su marido, Manuel, también novel en esto de la Media Maratón, pero experto en acompañarnos cada martes en el Valle de las Cañas. Gracias también a ti, Manuel”

Km 17. Menéndez Pelayo, llena de gente como una etapa del Tour de Francia, es un río interminable de emociones. Empiezan a aparecer caras conocidas por todas partes. Muchas de ellas se unen al grupo: Beto, el marido de Mariela, salta a la calle con una camiseta rosa mientras ella no puede contener la emoción; la familia de Elena al completo; Javier, el marido de Sagrario…

Mariela: “Qué felicidad, ver a mi gordo corriendo y acompañándome y alentándome cuando la fuerza empieza a flaquear”.

Elena: “Sí. Allí estaban los tres, sabía que mi chico iba, pero mis hijos… Sinceramente pensaba que no ya tienen una edad, que salen por la noche y tenían que madrugar para verme… Uuuuff que pereza mamá… Qué alegría me dieron: ese era el subidón que necesitaba”

Aparece Pytu, que viene de completar la media como portador del globo de 1:25, brincando de unos a otros como si no hubiera comenzado a correr aún, repartiendo felicitaciones y dando consejos a todos para afrontar la parte final. Nos emociona tenerle al lado: ha sido parte fundamental en la preparación y en cierto modo en su uniforme amarillo no solo está él, sino también Elena, Perdi, Edu, Micra, Rulo, Bisbi, David y Jorge.

Lorena: “¡Vemos a Pytu! Qué alegría. Necesitaba ese subidón. Qué máquina es, después de llevar un globo… Me dice: “Muy bien, Lorena, ¡genial!” y yo me crezco solo con oírlo.”

Y en el cruce con Ibiza percibimos una auténtica marea vestida de rosa que anima como un estadio entero. Su emoción es tan grande como la nuestra. Muchas de ellas saltan de espontáneas para acompañarnos en el último tramo de la prueba: Yoli Rizos, Cris, María Perdi, María Gómez, Irene, Fátima… Refuerzos más que bienvenidos para el esfuerzo final.

Lorena: “Voy dando la vuelta al Retiro. Esto está a punto de terminar, pienso, y de repente empiezo a ver rosas. Ramiro me dice: “ves, te animan a ti“. Qué ilusión; la sonrisa no se me puede borrar de la cara, aunque me dura solo un kilómetro.”

Km 18. En el Paseo de Reina Cristina conocemos a Cristina, desfalleciendo y desanimada por haber perdido el contacto con su grupo. Marta comienza a darle palique para que no se pare. Sagrario, que ya va muy justa de fuerzas, la agarra del brazo y la anima: “si yo puedo, tú puedes”. Un fichaje más en plena carrera.

Km 19. Alfonso XII se inicia con una recta de 200 metro que, a estas alturas, se nos aparece como el Angliru madrileño, un muro interminable con una pendiente para valientes. Comienza a dolernos todo, pero a estas alturas ya nada nos para.

Mariela: “Ahí estaba, mi amiga de toda la vida, que siempre está para lo bueno y para lo malo (coincidió su visita desde Argentina con nuestra media maratón), sacándonos fotos”.

Sagrario: ”A estas alturas de la carrera ya iba justísima de fuerzas y tenía que subir el peor tramo. Sola no lo hubiese subido jamás, hubiese parado y seguido andando, pero no estaba sola ante el peligro. Cual pistolero con cartucheras, llevaba a mi izquierda a Lucia y a mi derecha a Mar. Sentía la mano de Lucia en mi espalda. Los gemelos dolían, las piernas ya no daban para mucho más. Oía unas voces que supe reconocer: Yoli Rizos y Fátima. Habían entrado y estaban corriendo (o lo que yo hiciese en ese momento) a mi lado. Y mi chico apareció en el peor momento, cuando más falta me hacía: ¿Cómo no voy a seguir? Tengo que entrar con ellas, tenemos que entrar todas juntas, me estarán esperando, lo sé. Miré hacia arriba y allí estaba Carmen Reyes, ahora sí que sí, por ella, llego”.

Lorena: ”Cuando llega la cuesta del kilómetro 19 las piernas ya no van; lo intento pero no corren más. Se me hace durísimo, pero Ramiro empieza a empujarme para que vuelva a coger el ritmo.”

Km 20. Vemos por tercera vez en dos horas la Puerta de Alcalá (ya no nos quedan estrofas para seguir cantando ni casi fuerzas para tararearla) y enfilamos la calle de Alcalá hacia el Retiro. Mientras subimos, vemos plantado a la derecha el cartel del kilómetro veinte. El pecho se nos llena de orgullo y los pulmones de oxígeno.

A la entrada del Paseo de coches nos reciben los árboles del Retiro en plena explosión primaveral. Sentimos el subidón al ver los arcos publicitarios que dejan intuir la meta, pero al mismo tiempo cierta nostalgia porque esta maravillosa experiencia se esté terminando. Las chicas rosas rompen el protocolo y saltan al asfalto para acompañarnos hasta el arco de llegada.

Mariela: “Ufff, no veo a mis rosas… Estoy acompañada de Coco (mi amigo que vino de Zaragoza a correr conmigo) y Beto, pero ya me quedo sin fuerzas y sigo sin ver a mis rosas. ¿Dónde están?, ahí a la vuelta, me decían, estaban esperándome”.

Elena: “En este trayecto final tan duro (hay que dar una colleja a los organizadores) mis caderas se resentían cada vez más, pero mi “vikinga” no paró de animarme y decirme que yo podía, me quería parar y esperar a Mariela y a Sagrario, pero no me dijo: No te pares, sigue, sigue, que tú puedes, ya las esperaremos cuando estemos dentro del Retiro”. Y así fue, pero no paramos y estuvimos bailando con la música, sí, como lo estoy contando, después de estar corriendo 20 kilómetros y pico, nos pusimos a bailar…y ahí ya nos juntamos todas y empezamos el objetivo de llegar a meta, tal y como lo habíamos planeado…”.

Lorena: “Aparece Dani, que me da las fuerzas para seguir ese último kilómetro que se me hace eterno. Todo el rato con palabras de ánimo suyas y de Ramiro: “ya llegamos, campeona, ya está hecho, vas fenomenal”

Km 21. La entrada en meta es una explosión de júbilo. Unidas de la mano, entran al unísono como una sola persona. Varios monitores de Menorca tienen los ojos llenos de lágrimas. Los fotógrafos de la llegada no entienden nada, pero intuyen que algo grande está pasando y nos piden posar con el arco de llegada enmarcando nuestra hazaña.

Todos nos abrazamos con todos, por supuesto más de seis segundos. Los prolongamos todo lo que podemos por miedo a que suene el despertador y descubramos que todo ha sido un sueño.

Lorena: Los arcos. Mira que me lo avisaron, pero los arcos no se terminan nunca. Por fin, el arco del reloj, bendito arco. Ya se acaba, lo conseguimos. No puedo describir la extraña emoción: estoy contenta por acabar y a la vez triste porque ya ha pasado. Es como cuando acabas un gran libro, aunque este sólo se ha acabado el primer capítulo. Ya hay que empezar el segundo, que será igual o más emocionante.”

Mariela: “¡¡Llegamos!! ¡¡Qué felicidad, que emoción, cuantas lagrimas!!!! No quiero dejar de agradecer a todos por este camino recorrido e impensable!!!!!: mi familia, mis amarillos “todos”, mi Doc y Carmencita, mis amigos: G R A C I A S de verdad, nunca pensé que correr fuera a darme tanta felicidad, GRACIAS ELENA, SAGRARIO, LORE, OLGA y MARTHA POR ESTA AVENTURA”.

Martha: “¡Chicas, lo conseguimos! Desde el primer entrenamiento estaba segura de que todas podríamos, porque tenemos la gran suerte de contar con el apoyo, la confianza y los consejos de nuestras familias, nuestros amarillos y de Lucía. A nuestras sufridoras familias todo el agradecimiento por su paciencia y cariño. A nuestros amarillos por su tiempo, cariño y consejos y a ti, Lucía no tengo cómo agradecer que nos cuides y confíes en nuestra capacidad como lo haces. Eres única y maravillosa”.

Elena: “Lo que se siente en esos momentos es muy GRANDE. Nunca lo olvidaré… ¿se puede llorar tanto de alegría? Pues sí, sí se puede y quiero dar las gracias a todos, pero sobre todo a LUCIA porque sin ella no habríamos logrado nada de esto ni hubiésemos conocido a gente tan maravillosa como los amarillos y las chicas rosas…”

Sagrario: “¡¡Lo conseguí!! Y ella está a mi lado, lleva a mi lado más de 4 años y hoy tampoco me ha dejado sola. Lucía, otra vez nos volvemos a abrazar, llorando de alegría… un momento, levanto la vista y se une la rubia de la trenza, Elena Ureta (mi Zipi). Abrazo a seis manos, de los que se sienten, y oigo algo que resultaría increíble oir pero que algunas de nosotras sentimos: hay veces que hasta me alegro de haber tenido esta enfermedad.

No queremos olvidarnos de una persona que hemos conocido hace poquísimo tiempo, una persona de la que nos habían dicho que era espectacular y que después de lo vivido el domingo podemos asegurar que es Especial. Es Manolo. Desde el momento en el que se puso la camiseta rosa, diciendo que era un honor que le dejáramos llevarla, nos ganó para toda la vida. Pero cuando le vimos delante entrando a Retiro, saltando y jaleando a la gente para que aplaudiera nuestra llegada, cuando pocos metros antes de pisar la línea de meta, gozaba y disfrutaba del momento, igual o más que nosotras mismas, cuando vimos sus lágrimas en la cara, asegurando que era la carrera más bonita que había hecho en su vida, ahí ya nos conquistó. Manolo, vas a llevar a nuestra Lucia a completar su primera maratón, estamos tranquilas, porque si va contigo, estará entre algodones. Mil millones de gracias por tanto cariño.

Ah Mariela, deja de soñar que sabes que podemos hacer realidad tus sueños!!! Ahí lo dejo… HASTA EL INFINITO Y MAS ALLA”.

Olga: “Vamos llegando a la meta. El ansia nos puede. Cada vez más rosas rodeando al grupo rosamarillo, todas vestidas con esa sonrisa que forma parte de nuestra equipación. Sonrisas que nos dan la vida, nos colman el alma y nos insuflan ese último aliento tan necesario para alcanzar nuestro objetivo.

Y por fin cruzamos ese quinto arco que nos informa de que hemos entrado en tiempo. Indescriptible la sensación de felicidad, que de tan intensa es casi tangible. Más gente aguardándonos, caras muy queridas que mezclan su alegría con la creciente marea rosa.

Abrazos, besos, lágrimas… y una medalla con letras rosas (no podía ser de otro modo) que pertenece al grupo más que a nosotras mismas.

Esto no solo ha sido una carrera, ha sido un viaje iniciático que empezó con el arrojo de Mariela y el compromiso de Pytu, y al que han ido sumándosele decenas de apoyos incondicionales que transformaron nuestras ganas en éxito. Una asombrosa experiencia que nos ha enseñado que unidos, todo es posible. Que no se rompa la magia.”

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Todas: ”Nuestro agradecimiento especial para Perdi por las horas dedicadas a entrenarnos, por sus consejos y motivación. Entrenamiento profundo en algo que ya nos enseñó también Elenita: en sonreír y disfrutar mientras corremos. Hemos interiorizado esa frase tantas veces repetida. Lo que queda después es la sonrisa en las fotos y la satisfacción de haberse divertido. Perdi, ¡eres muy GRANDE! También grandes Pytu y Elena que durante meses han respondido a nuestras preguntas, monitorizado nuestros progresos y confiado en nosotras más que nosotras mismas. ¡Todo nuestro cariño para los tres!!”

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