Desde la barrera – Romance del maratón

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Dicen que fue un mocetón

de buen porte y pies ligeros,

con escudo, espada, casco

y dos sandalias de cuero

quien decidió recorrer

para llegar el primero

las calurosas llanuras

del litoral del Egeo

y así poder informar

al inquieto pueblo griego

que se logró derrotar

al invasor extranjero.

 

Filípides tiempo ha

que descansa bajo el suelo

pero llegó un buen barón

de allende los Pirineos

que tuvo a bien rescatar

la hazaña de este guerrero.

Con espíritu global

y cinco aros al viento

puso a todos a trotar

en recuerdo de aquel hecho

la distancia singular

de miles de largos metros.

 

Desde entonces hasta hoy

muchos echaron el resto:

Abel Antón, Martín Fiz,

Juzdado, Rey, Castillejo,

Jesús España y olé,

Rulo con Edu Callejo,

morenos con muchas “kas”

gacelas de cuerpo negro,

valle del Rift en tartán,

Gebreselassie sonriendo,

Bikila sin un buen par

ascendió al Olimpo eterno,

Ramiro que al sarraceno

sin piedad mata corriendo.

 

La última en intentar

este fantástico reto,

queriendo ser ejemplar

doctorada en el esfuerzo,

tiene un cortijo especial

en el que ha plantado un huerto

donde brotan sin parar

rosas de cortos cabellos.

Viene dispuesta a lidiar

en un singular encierro

con un morlaco especial

de dos imponentes cuernos,

que pesa cuarenta y dos

y unos puñados de metros.

Da el paseíllo inicial,

vestida de hoko y yellow,

amarillo menorquín

con el que ciñe su cuerpo,

curtido tras soportar

largas jornadas de entreno.

En su pecho va un dorsal

que causó cierto revuelo,

en su cara una sonrisa,

en su corazón, un sueño.

 

Lleva una escolta capaz

de contrastados expertos

para poder superar

todos los malos momentos.

El primero, con lesión,

que le impide estar entero,

no ha querido renunciar

aun jugándose el pellejo,

donde pueda llegará,

corazón blanco torero.

El segundo gasta barba,

y lleva el nombre más bello,

los pinares castellanos,

sirven de marco a su pueblo,

donde yace Alvargonzález

hundido en un pozo negro.

Es valiente espadachín

dispuesto a batirse en duelo

con las cuestas de Madrid

o con infames twitteros.

En tan magnífico grupo

brilla a dos metros del suelo

inconfundible al pasar

la cabeza del tercero,

que tiene de hombre cabal

lo que no tiene de pelo.

Le gusta tanto correr

que se puso por sombrero

el día de la semana

en que hay running callejero.

Al último del cuarteto

se le distingue de lejos

con negras gafas de sol

y en la cabeza un pañuelo.

Un apodo pequeñín

tras el que hay un caballero

acostumbrado a trotar

por las cuestas del infierno

corriendo de cien en cien.

Para este todoterreno,

esta mañana de abril

es un pequeño paseo.

Un espía sin igual

se ha colado en el cortejo

es un James Bond singular,

un superhéroe runnero.

Con uñas naranja, gris,

rojo, marrón, o burdeos,

a ritmo de cinco diez

Toño Martín Perdiguero

hace fotos, coge gel,

manda mensajes de texto,

transmite su posición

exacta en el callejero,

da consejos por doquier

y regaña al reportero.

Unos metros más atrás,

misma ilusión, mismo sueño,

mismo amarillo feliz,

dando palique sin freno,

dos trenzas pintan Madrid,

con un perfume noruego

vikinga de Chamberí,

triatleta de rubios vuelos.

En su cara una sonrisa,

en la muñeca, amuleto,

en su carrera no hay prisa,

cubre a las rosas de besos,

a cada una la abraza

en su marchar dominguero.

 

Mientras el grupo feliz,

va devorando el terreno

un ejército sutil

se despliega en el subsuelo.

Sobre un mapa de Madrid

cual Rommel en el desierto

discutieron la estrategia

para cubrir muchos huecos:

“tú te vas a Chamberí,

Fulanita, a Recoletos,

una pancarta habrá aquí

estas, que cojan el metro,

cinco rosas, en Ferraz,

no van a animar a Pedro,

yo iré al Palacio Real

y dos, a Guzmán el Bueno.

Luego el grupo se unirá

a la señal del sargento,

para poder animar

en el parque madrileño

cuando al llegar al final

necesiten nuestro aliento.”

No necesitan ganar,

ni alcanzar un cierto puesto,

quienes presumen de haber,

con espíritu guerrero

torcido el brazo al destino,

lidiado un Pablo Romero,

un astado que las dio,

una cornada en el pecho,

un diagnóstico fatal

que pintó horizonte negro.

Ver a su ángel pasar

unos segundos al menos,

les basta para ganar

el más grande de los premios.

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2 Comments

  1. Aunque mil veces lo cuentes
    Todas ellas diferentes
    Consigues siempre emocionarnos con tus guiños y tu orgullo.
    Sigue así Sir Barón
    Con tu dama Martha al lado
    Relatando las andanzas
    De este grupo bien hallado.
    Y así acabo , repitiendo
    Me ha encantado.

    Le gusta a 1 persona

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